martes, 18 de junio de 2013

El laboratorio Islandés - El renacer de Islandia después del colapso financiero

Un equipo de En portada (RTVE) ha analizado en el reportaje ‘El laboratorio islandés’ las luces y sombras de un país que dejó caer a los bancos y no quiso ni pudo pagar con fondos públicos sus errores financieros. El presidente de Islandia, Ólafur Grimson; el nuevo primer ministro, Sigmundur Gunnlaugsson; miembros del anterior gobierno como la ministra de Cultura, Katrin Jacobsdóttir; empresarios, representantes del influyente sector pesquero, escritores, músicos y miembros de su equilibrada sociedad civil, cuentan al programa cómo ha sido la salida de la crisis de un país que ha tenido su segunda oportunidad.


La historia de Islandia de los últimos 5 años es mucho más que lo que hemos leído esporádicamente en la prensa. El país, tranquilo y feliz, apenas ocupaba espacio en los medios de comunicación hasta su colapso financiero en otoño del 2008. Fue entonces cuando supimos que sus altos índices de bienestar y su igualitaria base social se asentaban, en parte, sobre un suelo movedizo; que los islandeses hacía tiempo que no basaban su economía en la riqueza tradicional y que preferían dedicarse a los servicios financieros y a mover parte del dinero que circulaba en el mundo.

Después supimos que habían dejado caer a sus bancos; más tarde, que se habían negado a pagar las deudas de sus entidades financieras a los inversores extranjeros. Posteriormente, llegaron ecos de que los tribunales europeos les habían dado la razón, que el empleo se estaba recuperando y hace apenas un mes y medio, nos enteramos de que los ciudadanos habían vuelto a votar a los mismos que gobernaban cuando el país fue a la bancarrota. ¿Cómo era posible?


Silencios informativos y una realidad compleja 

La realidad es siempre más compleja que sus resúmenes abreviados. Los silencios informativos sobre Islandia han contribuido a que sus conciudadanos europeos apenas se quedaran con el retrato impresionista de la crisis: con su revuelta social, con la caída de los bancos y del gobierno; con el referéndum en el que los islandeses acordaron no pagar la deuda de sus bancos privados a los inversores extranjeros y por encima de todo, con la rebelión de un volcán de nombre enrevesado, el Eyjafjallajökull, que con su lluvia de cenizas contribuyó a generar cierta sensación de caos en plena crisis.

El principal objetivo del reportaje de En Portada ha sido precisamente coger foco y realizar sobre el terreno el mejor retrato posible del laboratorio islandés.

Para ello, hemos tenido que revisar muchos axiomas: contar que los islandeses nunca se negaron a pagar, que lo que rechazaron fue hacerlo en las condiciones que acordó el Parlamento; recordar que el empleo se ha recuperado pero que son mucho más pobres porque la deuda privada sigue siendo elevada; rememorar los días en los que se juzgó por negligencia al anterior primer ministro, pero también que casi nadie ha pagado con la cárcel por sus pecados económicos. Analizar por qué las iniciativas ciudadanas, como la reforma de la Constitución, se han evaporado y por qué los islandeses, de tanto mirar y sentirse observados por la eurozona, son más euroescépticos que nunca.


Análisis a posteriori 

Las explicaciones sobre lo que ha pasado en Islandia dependen del interlocutor: para el Presidente de la República, Ólafur Grimson, casi un héroe nacional desde que se negara a sancionar las leyes del Parlamento, la historia ha dado la razón a su país y reniega de una Europa que, recuerda con dolor, quiso condenarles a la pobreza y les aplicó la legislación antiterrorista.

Para los nuevos gobernantes, el anterior gobierno de izquierdas no supo solucionar el problema de la deuda privada, algo que aseguran estar en condiciones de arreglar; y para la anterior coalición de verdes y socialdemócratas, se hizo lo que se debía: estabilizar la economía y garantizar el empleo.

"El sentimiento de desconfianza de la sociedad islandesa es muy grande"

Las respuestas de los ciudadanos son muy variadas: están los desencantados, los que creyeron que la política no sólo se hacía en el Parlamento y los que apostaron por una izquierda fuerte; está el influyente sector pesquero el que mueve los hilos de la economía, máxime ahora cuando los servicios financieros están exhaustos.

Y están los que, siendo minoría, advirtieron que lo que pasó podía pasar …. Y nadie les escuchó. Como el escritor Andri Snaer Magnason, autor de El país de los sueños. Manual de autoayuda para una nación atemorizada, el libro con el que movió las conciencias de un país que había olvidado sus raíces. Los que como él se sienten moralmente vencedores, temen que la historia se repita. De momento, todos coinciden en que el sentimiento de desconfianza de la sociedad islandesa es muy grande y en que miran casi con tanto recelo a los partidos políticos como a los bancos.

Fuente: RTVE España
ALICIA G. MONTANO

Banda Sonora del reportaje: Ólafur Arnalds

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